
Alma nunca ha estado ahí. Es producto de la imaginación, del delirio colectivo. Dicen que la vieron en los pasillos de la facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, confundida su cara con la de alguno de esos rojillos revoltosos que quieren ser periodistas.
El mito indica que se graduó con honores mediante una tesis sobre el humor y la caricatura política, y que esa ha sido la broma más grande en que haya caído la máxima casa de la risa para otorgar el título de licenciado.
Algunos afirman que ha habido avistamientos incluso al otro lado del mundo: su reflejo centelleó en una pileta de Bahía Repulse, Hong Kong, donde viven tres tortugas que conceden deseos.
Sin embargo, la parte continental emitió un comunicado oficial que señala que Alma fue vista en un restaurante de fideos cerca del templo de los Lamas, cuando fue traductora para la agencia de noticias de la República Popular China en el año olímpico.
Pero, ¿quién asegura que una chica tan pequeña destaque entre 19 millones de pekineses? La credibilidad del propagandístico buró de información también pone en duda esta versión. Seguro son puros cuentos chinos.
Otro rumor vincula a Alma al ocultismo: dizque ha colaborado en las más diversas publicaciones mexicanas como reportera, correctora y asistente editorial. Incluso en revistas diabólicas, como El Chamuco.
Otros supieron que hasta hace poco consagraba su tiempo a hacer feliz a un gato amarillo. En el mundo virtual, antes que ser vista, @AlmartirioS se fragmenta como fotógrafa ociosa, webmaster lunática o necia de campeonato.
Pero todos son mentirosos, mitómanos desesperados. Que la busque quien no tema ser excomulgado. Tal vez sólo es un sueño recurrente del anciano decrépito que se llama dios.