Irene Terrón

Ya cuando era pequeña decía que quería ser ilustradora.
Más tarde decidí que no, que lo que quería era escribir cuentos. Ilustrados, claro.
Con la repelencia de la adolescencia [rodolí] entendí que lo que debía ser, y sería, es nada más ni nada menos, que crítica de novelas. Del ‘Vaixell de Vapor”, claro.

Terminé por estudiar Publicidad. Que, casualmente, tiene que ver con arte: diseño, literatura y el know-how.

A los 7 años, mi “juguete” preferido era la grabadora de voz de mi padre. Juguete prohibido, claro.
Me encantaba crear mis propios programas de radio. Hacía entrevistas, contaba historias y ponía los hits de verano (en cuclillas amorrada al altavoz, los pinchaba directamente de la minicadena del salón). 

Pero eso era, claro, COMUNICACIÓN.

En 6º de EGB determiné que no iba a estudiar el examen de “Naturals”. Las partes de la oreja. Me parecía insulso, aburrido e inútil. También difícil, no era arte.
Cuando la maestra, Dolors, vio mi examen en blanco me riñó delante de toda la clase. Me sentí humillada. Y lo peor de todo es que yo entonaba por dentro: “mea culpa”.

Fue la última vez que me llamaron la atención. 
Aprendí los estudios como una obligación.
Y ahora lo que me toca es el trabajo. Es decir, seguir aprendiendo.