
Cuenta la leyenda que desde muy pequeña señalaba a los periodistas de la tele y le decía a mi madre que algún día yo iba a ocupar ese lugar; que estudiaba cada reportaje embelesada -casi al borde de las lágrimas- y que coleccionaba crónicas para releerlas en mis ratos de ocio. Los años han mantenido mi afición por las plumas ingeniosas y me han salpicado osadía. Si alguna noche siento que no habrá nada que aprender en el transcurso del siguiente día no te molestes en despertarme con el alba, seguro para ese entonces ya se habrá secado mi alma.