Al Fenici

Catalunya

No se puede hacer gran cosa, ya que al fin y al cabo, y sin que se avise a nadie, uno nace tal cual le lleva el viento. Uno nace así como yo, o como uno cree que es él, y así se nace y se hace, sin pedir ni venir a cuento que alguien le pregunte el porqué, o uno se pare a escuchar.

Escuchamos poco, o nada a decir verdad, aunque a veces, cuando proyectados en otros, nos interesa vagamente el reflejo deformado que recibimos de nosotros mismos. Que difícil entonces, es vernos o aceptarlo.

Somos un compendio, una biblioteca, o una retahíla de luchas, de guerras, de Troyas con muros infranqueables, Héctores a veces, Paris pocas, y Aquiles siempre. Todos tenemos una Helena en nuestras vidas y en el fondo, raptarla como hizo Paris es lo que queremos. Y a veces, a veces, pocas, nuestras Troyas pueden volverse reales.

Hay tres tipos de gente en esta vida, aquellos que pasan, aquellos que están y unos pocos que permanecen. Y es curioso como la vida te lleva a querer siempre ser uno de ellos, y a medida que envejeces, pasas por todos los estadios de la mediocridad humana. Cuando eres joven, cuando tu fuerza rebosa por todo tu cuerpo y tu alma fulge, quieres estar, quieres que todos, sepan que estás. A medida que maduras y notas la muerte cerca o simplemente empiezas a tener conciencia de ella, quieres permanecer, (eso dura poco: tener hijos, plantar algún árbol, algún capullo hace un graffiti, o simplemente como el amor escribe su nombre en una pared), y finalmente, cuando todo ello transcurre te das cuenta que lo importante en esta vida es pasar, como decía Machado abriendo caminos sobre la mar.

Uno pasa y es libre, o mejor dicho, es una reunión de fracasos y éxitos que se juntan con él a cenar un día. Las espaldas de cada cual han de ser fuertes, anchas y en sentido positivo, hay que tener más cara que espalda, porque es importante saber aguantar que los deseos no son siempre posibles, que las derrotas son una variable probable y las pequeñas victorias algo que no abunda.

Sentarse, en la plaza de un pueblo, mirar en frente y saber que a pesar de todo, se hace lo correcto, para uno, es importante. Vivir en un tormento, en una fábula o simplemente vivir la vida de los demás es sin lugar a dudas demasiado fácil.

Es verdad que se nos exige: nuestros hijos quieren de nosotros ser un parangón de fiabilidad e imagen a seguir, nuestros padres solo desean lo mejor para nosotros y juzgarán cada uno de nuestros pasos,