Sergio

Nací una fría madrugada en noviembre del noventa y tres. Apenas recuerdo ese día, pero dicen los rumores que sucedió en la ciudad donde murió Colón. Desde entonces y hasta el instituto mi vida se resume en unos pocos flashes. Estar en el carrito comiendo gusanitos, corriendo en el patio del colegio con unas TostaRica como trofeo y abrir un juego de construcción en Navidad son algunos de ellos.

Llegué al instituto y me empecé a interesar por el mundo. Quizá es que el instituto fue lo suficientemente aburrido como para buscar algo interesante más allá, quizá porque tuve unos buenos profesores que espolearon mis inquietudes (va a ser que no), vi lo que había fuera de aquellas paredes. Y no me gustó.

Un mundo de hierba gris y sonrisas de plástico. De ruido y obscenidades, llenas de telepantallas que dirigen el pensamiento del ciudadano. Leer 1984 me ha hecho más mal que bien.

Desde entonces me esfuerzo por sobrevivir en el mundo buscando las cosas de verdad que aún quedan en él. Las ciencias es una de ellas. El arte del discurso, otra.