Adriana Camargo Rairan

Bogotá Colombia

Desde el cielo, el Señor sonríe de contento, porque era esto lo que Él quería, que cada uno tuviese en sus manos la responsabilidad de su propia vida. Al fin y al cabo, había dado a sus hijos el mayor de todos los dones: la capacidad de escoger y decidir sus actos." (La Quinta Montaña. p. 186)

Decidí iniciar un camino, decidí ser mejor, decidí crecer como profesional y aportar al mundo con conocimiento, entregar al universo toda mi energía. Elegí administrar mi propio destino.

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