Alca

Teacher and Photographer in México

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Hoy doy un salto a mis recuerdos y lo primero que aparecen son imágenes, un cúmulo de ellas llegan directo a mi cerebro, han sido almacenadas a lo largo de mi vida; imágenes que para mi sentir, se traducen en fotografías almacenadas en el gran disco duro de mi conciencia.

A la fotografía la interpreto como la redacción de un momento, la pausa en un instante dorado.

Cada imagen captada es como rescatar el mundo real y hacerle tributo de una manera especial, con un ojo diferente a los demás, lleno de emociones y sensaciones personales, es como dejar salir lo que hay en el interior para adaptarlo con el exterior.

Todo empieza cuando de niña aparece en mi vida una cámara con un flash pequeño que a la hora de quemarse, daba vuelta y llamaba toda mi atención. Si, fue por curiosidad que empecé con una pequeña cámara en mi mano. Por supuesto que las imágenes que sacaba eran fuera de foco,
sin ningún encuadre y mucho menos con alguna regla aplicada.

Después mi papá como buen publicista y queriendo estar a la vanguardia, trajo a casa una Polaroid Instamatic, era lo máximo, no tenía que ir corriendo a la farmacia para que me revelaran mi rollo, en el momento tenía la foto impresa, me acuerdo que todos movíamos el papelito para que se secara y poco a poco saliera la persona o el objeto seleccionado; que tiempos aquellos, mi cerebro tiene captada esa imagen como si lo estuviera viviendo hoy mismo.

Llegué a los 18 y la decisión más difícil para un adolescente, ¿que carrera estudiar? Pues si me decidí por estudiar
Comunicaciones en la UIC (Universidad Intercontinental) Ahí fue cuando mi papá me dio mi primer cámara análoga pero era una que ya tenía sus años, una Praktica, la verdad no tardé mucho tiempo en tener una nueva que aunque era análoga tenía la maravilla de ser automática y moderna una Minolta.

Hice muchos audiovisuales con transparencias, muchas fotografías ya empezando a usar reglas pero lo más interesante y divertido era entrar al cuarto obscuro,
desde enrollar el film en el carrete de acero y meterlo en todos los químicos, las charolas, el olor, hasta echar a perder muchas veces el papel fotográfico, en fin,
un tiempo realmente divertido y entretenido.

De pronto la vida me llevó por otro rumbo y tuve que dejar todos los estudios y años después empecé la carrera de ser mamá.

Aunque no me dediqué a nada de la carrera, siempre tuve en mis manos una cáma