Aurora Blanco

Salmo 27

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién podré temer? El Señor es la fortaleza de mi vida, ¿ante quién puedo temblar?
Cuando me asaltan los criminales para destrozarme, son ellos, mis opresores y enemigos, los que tropiezan y sucumben.
Aunque un ejército acampe contra mí, mi corazón no teme; aunque una guerra estalle contra mí, estoy tranquilo.
Una cosa pido al Señor, sólo eso busco: habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida para gustar la dulzura del Señor y contemplar la belleza de su templo.
Él me dará cobijo el día de la desgracia, me esconderá en lo oculto de su tienda, me subirá a lo alto de la roca;
Así mi cabeza dominará a los enemigos que me cercan, en su tienda podré ofrecer sacrificios entre aclamaciones, cantando y ensalzando al Señor.
Escucha, Señor, mi grito suplicante, ten compasión de mí, respóndeme.
De ti mi corazón me ha dicho: "Busca su rostro"; es tu rostro, Señor, lo que yo busco;
No me ocultes tu rostro, no rechaces con cólera a tu siervo; tú eres mi auxilio, no me abandones, no me dejes, oh Dios, salvador mío.
Mi padre y mi madre me han abandonado, y el Señor me ha recogido.
Enséñame, Señor, tus sendas y guíame por el camino recto, pues me están acechando;
no me entregues al capricho de mis perseguidores, pues se han alzado contra mí testigos falsos que respiran violencia.
Yo estoy seguro que he de ver los bienes del Señor en el mundo de los vivos.
Espera en el Señor, ten ánimo, sé fuerte, espera en el Señor.