A PUNTO DE CAER - NOVELA
CAPÍTULO I
Miro directo a los ojos al cerdo que está sentado en el estrado justo frente a mí, poderoso gracias a la educación que con tanto esfuerzo consiguió… quizás con una bella familia, una casa piloto y un buen auto del año. Una vida de catálogo y sus trajes de imitación. Pobre animal, tan seguro de lo que tiene que hacer. Tan seguro de la ética y las buenas costumbres; tan moralista y correcto. Apuesto a que sus testículos deben tener sudor con "olor de puta madre". Su mujer no le ha masturbado ni besado su miembro hace más de un año, incluso más. Aun así, veo en sus ojos deseos tan o más oscuros que los míos, ¿serán por su hija o hijo?
A su lado se encuentra una mujer de 55 a 60 años, delgada, pelo reseco y canoso, lentes delgados que parecen querer saltar de su nariz. Está concentrada en los documentos donde están mis antecedentes, ¿Cuántas veces los habrá leído antes? ¿Estará disfrutándolos esta vez? Tan calmada e inmutable, seria y decidida, sólo mira de reojo cuando alguna de las personas del público grita algún hilarante juicio hacia mi persona, improperios que ya no importan. Al otro lado del cerdo se encuentra un joven, no más de 35 años, correctamente sentado, se nota nervioso e incómodo. Lo miro directo a los ojos y él lo sabe, a cada cierto tiempo me mira a para ver si sigo observándole. En ese momento vuelvo a clavar mis ojos en los suyos causando aún más temor en su interior. Se ve sano, pero estoy seguro que no será por mucho tiempo más. Quizás en unos años ya esté obligando a su joven mujer a tener sexo anal a la fuerza. Espero que así sea.
Hay un ambiente hostil a mi alrededor. Fuera de la Corte hay cientos de periodistas intentando captar una imagen. En la Sala empiezan a sacar a la gente que pierde la cordura y que me intenta agredir. En cierto modo me siento protegido, querido y contenido a pesar de las cadenas y este estúpido traje de convicto. Me hacen ver un tanto sexy como poderoso.