Chico Luciérnaga

"Durante una eternidad se quedó tumbado observando las estrellas desde el campo segado. Las espigas traspasaban los poros de su camisola y se clavaban en su espalda. Dolía, pero era un dolor pequeño y placentero. A cambio de aquellos cientos de picaduras de espiga, la tierra le donaba todo el calor acumulado de aquel día de verano."