Claudio Fernandez
He tenido el privilegio de nacer en la siempre hermosa Argentina, hace ya mas de 40 años, en la localidad de Lomas de Zamora.
Mis papas, Maria Esther y Luis Alfredo, a quienes extraño mucho todos los días, se fueron antes de lo previsto. Ellos no pudieron darme la dicha de un hermano, pero por supuesto siempre me dieron su amor y su fuerza para afrontar la vida.
Siempre fuimos una hermosa familia. Mi papa me enseño con su ejemplo lo que era trabajar duramente, lo que significaba la palabra familia y los sacrificios que había que afrontar para eso. Mi mama siempre se preocupo por mi cuidado, por mi educación, por trascender también como persona. Ambos me dieron todo lo que tenían a su alcance y mas, y eso no se puede pagar con nada. He vivido una vida plena, hermosa, rodeado de amigos y por supuesto de mi hermosa familia, a quién amo con pasión.
Hoy, en nuestra familia, somos cuatro, porque Dios necesitaba un ángel mas en el cielo y se llevo a Juan Pablo, hace ya más de 10 años. Estuvimos muy poco con él, pero jamás lo olvidaremos.
Nuestros dos hijos (la mexicana y el argentino), nos llenan de orgullo, nos llenan todos los días de amor nuestra vida, de alegría, de pasión, de una constante necesidad de superar la adversidad cuando esta se presente, y de ser fundamentalmente MEJORES padres cada momento.
Luego de muchos anios en nuestro querido país, nos trasladamos a otro hermosísimo país, Mexico. Nos recibieron con los brazos abiertos y hoy ya establecidos, seguimos pensando que fue una decisión excelente, difícil, pero que valió la pena. Aquí encontramos trabajo, amigos, y seguramente en un futuro cercano familia.
Por supuesto extraño mi ciudad natal, mi querida capital federal, allí dejamos infinidad de amigos, dejamos nuestra familia, pero la vida (y porque no la tecnología) también nos permitió siempre estar con todos a la distancia. Este soy yo en resumen.
Solo me resta darle las gracias a la compañera de toda mi vida, aquella que me dio a nuestros tres hijos, aquella que soporta mi mal humor, que soportó mis errores, y que me alienta en mis decisiones y aciertos. Aquella que me da su amor incondicional. Gracias.