c r o m o s o m a

David Guillermo Yávar Reyes nace allá por la primavera del ochenta y siete, en Santiago de Shile, cuando Júpiter se alineaba con su signo: Ofiuco, el cazador de serpientes. Empezó a escribir tardíamente intentando emular la poética bastarda de sus bandas favoritas. Le gusta bailar con los ojos cerrados para que nadie lo vea. Muere por el verde, el fucsia y el celeste. Alguna vez fue discípulo de variados poetas en los talleres de Balmaceda doce quince y no le gustan los números. Hay fragmentos de sus textos repartidos en algunos fanzines, algunos blogs, algunas hojas de cuaderno y en el cuerpo de distintas personas de la ciudad, aunque ellas no lo saben. Se considera una persona que solo escribe por diversión, y eso se ha convertido en su delito.