Daniel Noboa

Buenos Aires - Argentina

Daniel Noboa

Buenos Aires - Argentina

Ahora que lo pienso, el trabajo que puedo hacer por ustedes, es mucho más cómodo que hablar “about me”. Pero ya que abrí la cuenta, intentaré resumir lo mejor posible.

La semana pasada conocí el casino; la primera impresión fue el destello en mis ojos de tanto dorado rodeado de luces, advirtiéndome el lujo al que acabo de entrar.

(Déjenme decirles que no ví una sola sonrisa. Parecía un edificio corporativo entre las diez y once de la mañana de un día martes. )

Mientras caminaba por la alfombra roja, revisábamos, junto a mi esposa, el capital que destinaríamos para esta noche. Al cruzar la primera puerta, un pelotón de máquinas locas, con pantallas inquietas y muchos colores, nos recibía con sus escandalosos bits monofónicos.
Miramos con atención, cada una tenía temáticas diferentes; asumí que no era complicado ya que en casi todas las máquinas, los botones eran similares.

Luego de quince minutos de analizar el juego de unas señoras muy concentradas, deduje que no entendía nada.
Entonces avanzamos al siguiente nivel, en donde el ambiente sugería un futuro más lucrativo. Era la sección de ruleta y black Jack.

En esta sección la presencia masculina era predominante. Cada mesa de juego estaba integrada por 6 o más personas, en su mayoría, parecía gente con vasta experiencia, lo sugería su edad y la cantidad de fichas que le apostaba cada uno, muy superior a mi presupuesto, y eso multiplicado por doscientos.

Le apostamos diez fichas a la ruleta, y perdimos todo. Nuevamente apostamos otras diez, a números que según nuestra percepción, estaba enriqueciendo a otro participante. También perdimos.

Solo nos quedaban diez fichas más, decidimos cambiar de juego. Indagamos hasta que recordé que siempre me gustó el black Jack, me sumé a una mesa y aposte una ficha. Y que creen, gané.
Aposte nuevamente y volví a ganar. Estaba en una buena racha, eso pensé viendo como otras personas apostaban a mi juego desde afuera. Ganaba casi todo el tiempo, a veces cuando quería apostarle el doble, perdía. Todas las ganancias se las daba a mi esposa que esperaba atrás, muy callada y concentrada.

Al final de la noche, recuperamos la inversión inicial y ganamos una ficha adicional, que sirvió para pagar el café que pedimos a la mesa.

Luego, regresé a mi rutina, El Marketing y Publicidad Digital, BTL y otros servicios para impuls

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