Ernesto Gutiérrez Arenas

Puedo decir que mi vida tuvo una ruptura cuando llegué a mi cumpleaños número 25. Hasta ese momento me la pasé luchando silenciosamente con mis depresiones, inseguridades, deseos de encajar, de pertenecer; con ideas de suicidio bastante recurrentes... mi vida no era nada deseable.

Entonces vino un despertar espiritual y con él la luz al final del túnel. Entendí que la vida no fue creada por mí ni para mí, que estoy aquí para mucho más que comer y respirar, que hay otros que me necesitan a mí y a mi potencial.

En esta nueva etapa de mi existencia aprendí que soy cabeza de un hogar al que amo con todas mis fuerzas, que debo impartir identidad a mis hijos y proteger la vulnerabilidad de mi esposa. Y aunque mi temperamento melancólico flemático en ocasiones me juegue malas pasadas con sus inseguridades y depresiones, sé que ser un fiel jugador de equipo y sentirme cómodo escuchando a las personas, son fortalezas indispensables de mi personalidad para cumplir con mi propósito.