María Andrea Fernández

Pequeña mía, hay dos clases de hombres en el camino: los que dicen no tener corazón y los que no lo tienen. Ambos sonríen en la tormenta pero ninguno es confiable, el camino los ha educado como lobos. Jamás intentes rivalizar con ellos. Dales espacio suficiente, que se muevan a su antojo y lancen sus mejores golpes. Al que dice no tener corazón la astilla se le clavará muy dentro y al otro el alma se le partirá en dos, tu solo debes pelar los dientes y luego desaparecer para siempre. Se les verá por allí destrozando bares y abriendo puertas secretas, empujados por el insomnio hacia la música que para ellos es un aguijón más. Jugando con la máquina de contar ceros... EMR