Gabriela paz

Software Engineer, Art Director, and Mother in Valencia, Venezuela

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Cuando el sol va cayendo en Sevilla, cuando la temperatura baja a niveles soportables, es la hora de encontrarte por sus calles con edificios majestuosos que abren sus puertas al visitante. Así es como, junto al barrio de la Alfalfa, te asalta la presencia de un palacio de estilo plateresco con azulejos mudéjares, que vive semiescondido en el centro de la ciudad. La empresa de ocio cultural Engranajes Culturales organiza, los próximos 2 y 7 de septiembre, una ruta nocturna de dos horas de duración por sus salas, patios y jardines en la que invita a participar de las numerosas historias vividas por quienes han cruzado sus muros. Un recorrido marcado por los secretos desvelados y la imaginación; el edificio actual se construyó sobre otro mucho más humilde que pertenecía a un judío converso, de los que en el siglo XV poblaban la ciudad. Los nuevos dueños, los Enríquez de Ribera, iniciaron las obras de ampliación del palacio que hoy conocemos como Casa de Pilatos.

En este sitio web La visita se inicia cuando cae la noche, tras esperar en el patio de entrada. Cuando llega el momento de adentrarnos en el palacio, lo primero que nos encontramos es un patio en el que a ambos lados nos saluda la diosa Palas, representada en dos estatuas, mientras que veinticuatro bustos de emperadores romanos -algunos procedentes del yacimiento de Itálica, en Santiponce (Sevilla)- lo observan todo. Pero solo cuando subamos a la parte más alta del edificio, a sus terrazas, nos será aclarado el origen del nombre del palacio. Fabrique de Ribera, primer marqués de Tarifa, fue quien le dio este nombre aunque Pilatos, como es comprensible, nunca pasara por allí. Según cuenta la tradición popular, cuando Fabrique volvió a Sevilla de su peregrinación a Jerusalén, en 1519, instauró un Via Crucis desde la casa palacio hasta la Cruz del Campo, un monumento que aún existe en el barrio de Nervión de la capital, junto al que está construida la fábrica de cerveza que recibe su nombre: Cruzcampo. Fabrique contó que los pasos desde su casa palacio hasta la Cruz del Campo eran los mismos que había desde la casa de Poncio Pilato en Jerusalén hasta el Calvario, donde crucificaron a Jesús. Y ese fue el origen de su singular nombre que perdura hasta ahora.