shouwang ivan

palma de mallorca

Se conoce que Proculo, Obispo de Segorbe en el año 589 después de J.C, evangelizó las nuevas gentes procedentes de las incursiones bárbaras, recibiéndose en Jérica a los pobladores asentados en El Toro, Montán, Pina y Villanueva, antes de producirse la invasión árabe. El nombre de la villa se fundamenta en los radicales prerromanos "Tor" o "Tar" que revertieron en el latín "Turris" asociado a torre o castillo. Identificado por otros eruditos como "Torus", es decir, protuberancia en el terreno o montículo. Fue un vocablo fácil para los árabes que se establecieron en la comarca que identificaron esa voz que en su lengua significa "montaña" para referirse a la serranía del término. En 1836, el erudito Cortes partió del nombre que se le dio en la antigüedad al río Palancia (Serabis), para defender que esta denominación estaba compuesta por dos vocablos hebreos o egipcios, Sher o Ser (toro o buey) y Apis (dios de los egipcios). Partiendo del vocablo Ser (Toro – El Toro) se encuentra una correspondencia con las poblaciones ribereñas al río Palancia como Torás, Serábica, nombre sincopado por los árabes por Sérica o Xérica, actual Jérica o también Segobriga, la capital del Palancia, Segorbe.

Cabe destacar otras teorías fundadas por el jericano Francisco del Vayo en el siglo XVI o Gaspar Escolano en el XIX, que nos hablan de la posibilidad de que El Toro se llamara anteriormente Podio o Castellar.

Sin embargo en los Anales del Reyno de Valencia, publicados en el año 1613, su autor Francisco Diago señala " de Etobesa, que agora es el Toro", pero la opinión mayoritaria nos lleva a pensar que Etobesa debería localizarse en Bejís o Jérica, núcleos de importantes restos arqueológicos.

En 1228 las tropas aragonesas realizaron diferentes incursiones conquistando la zona pero el caos en la zona fronteriza en 1232 fue absoluto y se incrementó por los saqueos de los caballeros turolenses a las poblaciones que aún alojaban musulmanes, como Manzanera, El Toro, Barracas (San Pedro de Bellmont), Arcos de las Salinas, Pina de Montalgrao, Villahermosa del Río y Cortes de Arenoso.

Ante el temor de una excesiva expansión nobiliaria aragonesa en el norte de Castellón, el rey Don Jaime concentró sus fuerzas en Teruel, unos 120 caballeros de linaje con sus respectivos escuderos (según Beuter; algunos de mucha fama provenientes de los Concejos de dicha ciudad), y sin apenas desviarse de la antigua calzada, d

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