Izaskun Ahedo

Una sonrisa cuesta poco y produce mucho. No empobrece al que la da y enriquece al que la recibe. Dura sólo un instante, pero perdura en el recuerdo eternamente. Es la señal externa de la amistad profunda. Nadie hay tan rico, que pueda vivir sin ella, y nadie tan pobre, que no la merezca. Una sonrisa, alivia el cansancio, renueva las fuerzas, y es consuelo en la tristeza, tiene valor desde el comienzo en que se da. Sí crees que a tí, la sonrisa, no te aporta nada, sé generoso y da la tuya, porque nadie tiene tanta necesidad de la sonrisa, como quién no sabe sonreír.