Pablo Lecroisey

Pablo Lecroisey (Madrid, 1979) es un chico lacónico, cordial, de ojos enormes y mirada profunda.

Su alma gemela es Espartaco, un gato con quien está tan conectado que parecen uno solo…

Se comunican telepáticamente. En la terraza, en el último piso del edificio donde habitan, observan la ciudad en silencio. Como personajes de un cómic.

Su juventud parece un capítulo de la novela “The Outsiders” (1) entre aventuras extremas, disparatadas historias y viajes en moto. Cuando se cruzó con la fotografía, hubo amor a primera vista y desde entonces, su cámara es parte de su cuerpo y ha transformando su vida para siempre.

Su obra es impactante. Está plagada de simbología, convirtiéndose casi en “una diversión” el encontrar esas intrincadas conexiones pictóricas en un mar de representaciones, alegorías, metáforas y abstracciones. Tal vez por eso Pablo Lecroisey es el favorito de un selecto grupo de amantes de la pintura, coleccionistas y marchantes de arte, que no dudan en afirmar que es imposible que sus fotos te dejen indiferente. Él lo asume sin emocionarse. No es su finalidad artística. No se reconoce como estrella y algunos seguidores, reconocidos en el mundo artístico, para él son solo amigos.

Sus proyectos logran encontrar un punto de expresión estética sensorial que magnifica las posibilidades de la realidad, llevándola al campo del ensueño, pudiendo jugar con la creatividad desde la fotografía hasta la magia y la fantasía. Para ello hay un diseño de varias piezas que toman elementos mundanos y los transforma para dar una voz a grandes interrogantes e intereses que la humanidad se ha planteado desde siempre como la muerte, la vejez, la enfermedad, la ira, el dolor, la soledad, la catástrofe, el amor, la compasión… Conceptos atemporales y a la vez redefiniéndose hoy más que nunca bajo el lente de Pablo, en una nueva concepción de la materia, el espacio, el tiempo como carente de medidas finitas terrenales hacia su sentido más pluridimensional, universal e infinito.

Pablo es desde luego un personaje extraño. Todos se imaginan al típico artista errático, egoísta, lleno de drogas y fiestas, rodeado de modelos o excesos. Nada más lejano a la realidad. Ese tipo de artista es para él una idea pasada de moda. Dedicado a su empresa de publicidad “Dolche y Lecro”, trabaja todo el día, bajo un estricto horario auto-impuesto. Luego estudia inglés o toma clases de Hip-Hop. Pocos conocen su lado más salvaje e irrev