Maïna-Lorena
Lille
A mis 17 años, tengo la suerte haber tenido muchas experiencias de gran riqueza, aunque a veces bastante frustrantes. Pero lo más importante es continuar su camino y ensayar encontrar a lo que deseamos más acumplir, lo que nos hace feliz. Nací como mi gemelo del encuentro peligroso entre una madre francesa y un padre boliviano. Cuando eramos pequeños, ello había comenzado a hablarnos en castellano, nos contaba historias chiquitas de américa latina y también cantabamos juntos. Pero cesó poco tiempo después de que le hayamos dicho que no queríamos continuar eso, la razón siendo que no comprendíamos porque debíamos usar el español mientras que nos amigos y otra gente solo usaban el francés. Pero es algo de que yo personalmente me lamento mucho. Además de que me guste tanto el castellano. Es la lengua de mis raíces, que mi familia paternal usa todo el tiempo cuando se está reuniendo; además de su carácter dulce y cantante, encuentro en ella una forma de melancolía, y también me hace viajar trás los misterios de los países hispánicos, su Historia. He visitado a España hace seis años, del Norte hasta Gibraltar, pasando por Granada, el Portugal y Madrid, de los cuales me quedan muchos recuerdos buenos y mágicos. Pero siempre he querido conocer a América Latina. Por eso había intentado en 2009 quedarme un año completo en inmersión total en familia que vive en Honduras, pero éste experiencia fracasó porque era demasiado pequeña para suportar la distancia, los brutales cambios de vida y la lengua que no conocía bien. Sin embargo, no concibo mi vida en otro lugar que allí. Y si hoy en día sigo cursos de español, es para tener la suerte dominar la lengua pronto, lo que me falta para estar completamente feliz.