Male Multifrutal

Paraná City

“Comienzo escribiendo esto sintiéndome una desdichada. ¿desdichada?. Tengo todas esas cosas que la gente creen imprescindible y sienten que los llena: casa, familia, amigos, una profesión, y de vez en cuándo un gustito, una buena película o un libro; hasta por momentos parezco feliz pero… ¿Qué es la felicidad? Llegué a la conclusión de que es un momento, un instante, en que algo (un paisaje, un libro, un aroma, un amigo) logran hacerte olvidar de todos los demás problemas que acarrea la desgracia de estar vivo. ¿desgracia?. Tal vez (seguro) exagero, pero estoy transitando uno de esos momentos de en que uno se encuentra como un perro de los que deambulan en la calle sin dueño ni rumbo, de hecho, pensándolo bien, me parecen más plenos que cualquier ser humano de este mundo. Tampoco me considero una depresiva. Soy de esas personas que no creen en el destino. Me siento responsable y causa de todo lo que me ocurre, excluyendo las cosas que me exceden, nos exceden, y principal causa de nuestras desdichas, los hombres. No se si creo en . Sería muy simple culpar o agradecer a un sobre cosas qué, afirmo, son producto de nuestros actos. No me crean una sociópata con eso de qué el problema son los , somos. No me siento especial, ni mágica, en absoluto. Solo creo que soy de esas que se piensan desdichadas y en lugar de ocultar esa desdicha con una insulsa respuesta (karma, destino) buscan la real causa y analizan las opciones. Creo en la felicidad, en la amistad y en el amor, en todas las variantes de este último (qué vaya si son muchas) y escribo porque leí por ahí que es una forma de ponerle buena cara a nuestras angustias (¿o incertidumbres? ¿o ambas?). No me encuentro plena o tal vez mi forma de serlo es estar rodeada de oscuridad, no sé. Será una más de mis incertidumbres, a las que tal vez nunca jamás llegué a la respuesta. ¿Saben qué es lo que más me angustia? Ayer salude a una señora en el bondi, nos sonreímos, me bajé en mi destino y nunca más sabré de ella, o si, no sé ¿quién sabe?. También ayer acaricié un perro en la plaza, se acostó a mi lado un rato y después se fue, y también, tal vez, nunca más vuelva a acariciarlo, ni verlo. Nadie se pone a pensar, en este mundo profundamente egoísta, que sienten los demás, que historias traen consigo, si son felices, si creen en la felicidad, si les gusta tomar mate, si creen que realizan sus sueños, si los tienen, si les gusta pasear por la playa… ¡a nadie le interesa! Y esta bien, supongo. Solo sostengo, qué t

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