Marcelo Pinto Cardozo

Nací en Parque Patricios, Buenos Aires, apenas iniciado el 12 de abril de 1972. Me crié entre Pompeya y Valentín Alsina, cuando aún el olor a barrio de trabajo impregnaba la cadencia de los días. Crecí sin lujos ni necesidades. Estudié, me formé en ciencias de la administración y hoy trabajo para lo que me preparé, afortunado por ello. Perseguí sueños y a varios los alcancé. No diría que los otros se me escaparon, acaso se recrearon en otros tantos nuevos. Respeto a casi todos. Admiro a pocos. Estimo a muchos menos. Toco la guitarra. Soy urbano, medio loco, medio cuerdo, cascarrabias, independiente, solitario, seguro, impetuoso, intempestivo, prolijo, organizado, decidido, persistente, ordenado, ambicioso, versátil, resiliente, tecnológico a más no poder, estructurado, no tengo miedos (el único que tenía ya lo experimenté), católico por naturaleza y agnóstico por adopción, no soy fuerte pero aprendí a serlo, quizá porque tuve la mejor maestra que pude haber tenido. Tengo carácter, personalidad, el recuerdo de una madre increíble, capacidad, talento para lo mio, una hermana amorosa, pocos amigos -más de los que merezco pero menos de los que ansío-, una amplia familia de sangre, una pequeña familia de alma, un padre cariñoso, con muchos errores y algunos aciertos, creo que hace lo que puede y en ello se le va la vida, tal vez nunca sea tarde. Algunos me califican de "misterioso", pero... a quién le interesa mi vida más que a mi? Amé y amo. Sé que me amaron y me aman. Conozco la felicidad, la miré a la cara, hasta la insulté por su impuntualidad y su ausencia. Pero también aprendí a no reprocharle nada, es como perder el tiempo cuando podría aprovecharla. Además, sería injusto. Sé que los años mejores serán los que vendrán. Y para ello me sigo preparando. Un Marcelo mejor en construcción. Mejor para mí, para mi familia, para mis amigos, para la sociedad. Creo en un futuro. Creo en este modelo popular y nacional de Néstor y Cristina. Hoy duermo tranquilo. A veces lloro, por muy pocos motivos y casi siempre ninguno que se relacione directamente conmigo. Muchas veces me duele la humanidad entera porque siento que fallamos mientras un solo niño tiene hambre o frío, aún a pesar de los grandes avances. Y sigo soñando y aprendiendo.