Margot Castañeda
March es como un tragaldaba, pero con gracia. Tan dedicada, pues, a las viandas, que hasta se tituló de eso. Curiosa imprudente, odiadora de los tickets y enemiga de la absurda pugna: sentidos vs razón. Ahora vive entre la contemplación y la complacencia. Se hunde sinsentido en la exquisitez burda y la intensidad en el movimiento del mundo y sueña con algún día maridar sus dos carreras (Gastronomía + Filosofía).
En sus ratos ocupados es un gastrónomo multiforme. «¿Qué se les apetece, Madames et Monsieurs?», pregunta. En sus ratos libres aspira con ardor a elevar su ilusión espiritual y artística. Vive deseando con emoción que algo la salve de sus destinos biológicos, para que no excluya de su vida toda la belleza sin voluntad y el placer sin deseo. La felicidad para ella, viene en dosis pequeñitas.
También garabatea en una Moleskine viejita y suele caminar mucho porque no se orienta. Come golosinas japonesas porque es capaz de la sorpresa y bebe té, café, vino y mezcal, nomás porque ahí encuentra traguitos de paz. Siempre molesta al vecino comensal para probar de su plato. Sí cocina, pero hornea los peores pasteles chocolatosos del universo entero.
Su única preocupación es lo que leerá antes de levantarse y la música que acompañará su desayuno, porque sabe que su humor obedece a los rituales matutinos.
Tiene el súper poder de disfrutar su soledad (chiquiteada, por favor) y de comerse el mundo a pellizquitos.