Melina León

Nací bajo el signo de Cáncer y con Urano angular y en cuadratura a todo.

Llegué a la astrología de manera intuitiva y a los tumbos, con mucho de experimentación autodidacta y, más tarde, con cursos formales donde aprendí mucho de muy buenos (y otros no tanto) maestros y maestras. En paralelo, y hasta hoy en día, vino la bibliografía y la práctica con parientes, amigos, amigas, clientes y conocidos, que tanto enriquecieron y enriquecen mi conocimiento.

Mi aún joven vida ha dado ya tantos giros inesperados que creo que la astrología me sirvió al comienzo como un ancla, donde yo podía pensar que podría predecir el próximo volantazo y eso me daba sosiego. Hoy lo veo distinto, y si bien sigo entendiendo a la astrología como un arte fundamentalmente predictivo, siento que la gran enseñanza que el cosmos tiene para mí en este momento es la de mostrarme que nuestra vida es cambio, pero no un cambio arbitrario o impulsivo, sino un cambio que está montado en una armonía rítmica de la cual todos somos parte y que el cielo refleja con sabiduría y moderación.

En esta etapa de mi camino, me dedico a la interpretación y la predicción astrológica y a la enseñanza de astrología, en particular de la astrología horaria. El conocimiento sin transmisión no sólo es inútil, sino que es rayano con la soberbia y el pecado. La astrología, parafraseando a Lilly, nos pide educarnos, consolar al afligido, ser sobrios y frugales, no ser arrogantes con nuestro saber si no, por el contrario, enseñar a todos a vivir y bien y ser, en definitiva, nosotros mismos un ejemplo de lo que predicamos.