Nancy Sanchez Arredondo
Mis padres Oscar Sánchez Leyva y Evelia Arredondo González, emprendieron el viaje con cinco hijos dejando atrás, una tierra bendecida de olor a dulce y miel, y donde se respiraba la libertad del campo, los Mochis Sinaloa, para llegar a esta maravillosa tierra de Mexicali en 1979, pasando un tiempo laboral en Isla de Cedros, dentro de la Compañía Exportadora de Sal, lugar de gente noble y trabajadora, pero desde entonces con infinidad de rezagos. Hoy después de 33 años de matrimonio y de entrega absoluta, mis padres son la mejor referencia de la riqueza con que se nutre el crecimiento de los hijos con base en la familia, donde aún en las dificultades propias de vivir en pareja, el respeto y el amor por los tuyos, como la dedicación al trabajo, son los valores primordiales de unidad y formación para la vida. Soy la tercer de cinco hermanos, Evelia Sánchez Arredondo y Diana Ma. Sánchez Arredondo mis hermanas mayores, y Oscar Sánchez Arredondo y Alejandro Sánchez Arredondo, mis hermanos menores; cómplices de mil aventuras e historias, que aun disfrutamos de la risa del juego y del llanto de los sinsabores, como cuando corríamos libremente en los Mochis, Sinaloa. Mi tarea de Jefa de Familia de cuatro hijos, Manuel Alejandro Ramos Sánchez (22), Nancy Karelia Ramos Sánchez (21), Manuel Andrés Ramos Sánchez (15), Jesús Manuel Ramos Sánchez (13), me hace tener la certeza de lo difícil y las serias adversidades que se atraviesan cuando uno como mujer se esfuerza por sacar adelante y brindarle los mejor a nuestros hijos, cuando uno es tierra y tronco, poniendo el alma para que las ramas nunca se tuerzan. He vivido la dificultad del día a día, de llevar comida a la mesa, de mandarles a la escuela y suplir sus necesidades afectivas antes que la propia, de tener siempre palabras de esperanza por difícil que sea el panorama, como de reír y celebrar sus momentos de éxito y llorar con ellos sus tristezas, pero siempre de amarles por encima de las fuerzas. Junto con ellos he disfrutado la cálida grandeza, de vivir la nueva forma de la familia, donde la madre es el todo, la que sirve y provee, la que entretiene y juega, como la que vigila y supervisa el crecimiento de los niños de ayer, para hacerse adolescentes y adultos de bien, ciudadanos preocupados por aquellos que más necesitan, conscientes de la necesidad social.