Antonio Fernández Castillo

Bucanero sin barco ni espada, de asfalto las mareas que mi proa aguarda. Solo el ron seca mi garganta mojada pues de frío plástico y duro acero está mi corazón forjado tal como trozo de ancla. El teclado mi única arma, mi discurso mis únicas balas y para verso inmaculado dejo todas las lineas torcidas de donde mis hijos han sido programados.