Ricky MH
En 1992, a la temprana edad de 0 años y aún con el cordón umbilical sin cortar, nacía Ricky en un municipio del sur madrileño.
Hijo de un padre y una madre, el muchacho abandonó a los 28 días la etapa neonatal para convertirse en un lactante, toda una gesta para cualquier ser humano.
Ricky comenzaría meses después a balbucear sus primeras palabras: "salir, beber, el rollo de siempre", "cagon diez qué hambre", etc. y dar sus primeros pasos y cabezazos contra las paredes.
Años más tarde conseguía diplomarse en educación preescolar, con una calificación global de PA+ y amplios conocimientos en modelado de plastilina y garabato con plastidecor. Era considerado un maestro de su especialidad, el dibujo de casitas con un arbolito al lado.
Tras duros años de intenso estudio en educación primaria, Ricky abandona el colegio y es sometido a tortura diaria en el instituto, un lugar donde las matemáticas poco a poco dejaban de tener números y Ricky poco a poco dejaba de tener pelo.
Mientras esto le hundía en un oscuro pozo, el resto de asignaturas no suponían un problema para el jóven que, finalmente, consiguió graduarse en la ESO.
Perdido en la vida y sin una meta clara (o eso pensaba él), Ricky se decidió por la automoción como camino al que dirigir su vida, un camino que abandonaría un par de años después para dedicarse en cuerpo y alma a lo que lo que siempre le había llamado desde una esquinita, la sanidad, el mundo de las emergencias sanitarias.
Y el muchacho empezó a ninonear.
Y ya valdría.