Diego Romero
Diego Romero
TENGO UNA MENTE DESGENERADA.
No confío mucho en el “ESTO es lo que soy”. Ir por el mundo con una etiqueta sobre la cabeza intentando que cada quien mire y diga “ahí va fulano, el zapatero” o “ese es mengano, el maestro”, o bien “miralo a sultano, el investigador de partículas subatómicas, quién hubiera pensado…” no me resulta una política útil. Todos somos todo, porque todo está a nuestro alcance. Somos potenciales zapateros, maestros, científicos, padres, malabaristas. De lo único que puede uno estar seguro es del camino que está recorriendo, de cada paso, cada elección, cada cambio de rumbo.
Salí al mundo el miércoles 12 de noviembre de 1986, en Lanús / Buenos Aires / Argentina, poniendo en riesgo la salud de mi madre por el descomunal tamaño de mi cabeza. Pasé los diez primeros años de vida con los ojos fijos en el cielo y la mente boyando ingrávida a través de la galaxia, seguro de estudiar Astronomía y Astronáutica en Córdoba y sobre los treinta y tantos encabezaría una misión de la NASA. Pero un día decidí quedarme, porque la Tierra había empezado a ponerse interesante.
La comunicación publicitaria me rodea desde muy pequeño: aprendí a leer temprano a partir de marquesinas y avisos en vía pública (así es, no hubo libros infantiles ni repeticiones silábicas... aprendí leyendo publicidad). Tiempo después desarrollé un periódico sin noticias ni artículos ni tiras cómicas, sólo avisos gráficos. Compuse jingles en un piano de juguete sin de tríadas ni escalas cromáticas. Años más tarde llegaron los primeros programas de radio efímeros (sin transmisión al aire ni soportes de grabación), en los que intercalaba tandas de seis o siete comerciales con algunos segundos de música. Durante mucho tiempo perseguí el sentido de la comunicación humana estudiando Filosofía para Niños; y luego para adultos, menos ingenuos. Estudié Comunicación Social para aprender a desarrollar el mensaje más eficiente y luego Locución para entender cómo materializarlo en medios audiovisuales. Tiempo después entré al mundo de la Fotografía para saber capturar momentos y situaciones. Ahora, como Director de Arte, me dedico a conceptualizar la idea en imágenes, intentando integrar esta tripolaridad en un único perfil: El Creativo.
Por eso elijo no definirme como "El Locutor", o "El Fotógrafo" o "El Director de Arte". Prefiero creer que, sobre esta cabeza descomunalmente grande, colocar una única etiqueta sería un desperdicio