Si furiosas las llamas...
Si furiosas las llamas...
El ilustrador Nomo A. G. y el narrador Gallardo N. R. toman como punto de partida para sus aventuras ácidas y corrosivas una sentencia inscrita en la piedra de un caserón sito en un diminuto pueblo de Soria: "Si furiosas las llamas me injuriaron, generosos y nobles mis hijos me vengaron."
Venidos de una cierta comunidad, cuatro personajes, un viejo ciego con sus jóvenes lazarillos, alcanzan la cima de una montaña en la que se abre un laberinto con tres puertas de entrada.
Solamente uno de los cuatro consigue internarse en el laberinto.
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