Sergio Picamill

Planificación financiera

Siempre me ha gustado pensar la siguiente jugada

Nací en la ciudad del Pilar y del viento. Quizá por eso con 8 años me escapé de casa y llegué hasta supermercado de la esquina
En el colegio algunos curas me decían: «Llegarás lejos si te empeñas. El problema es que no quieres».

Tenían razón, sólo me faltaba las ganas, ¿conoces a alguien que suspende religión y aprueba mates e historia?

Lo mío con los curas y las pelotas no era amor platónico: tenis, baloncesto, fútbol… todo un fracaso y un día mi madre harta de verme perseguirlas sin demasiado éxito, me apuntó a ajedrez. Aquí si, fuí el número 17 de Aragón. Lo dejé y aprendí que la estrategia consiste en saber dónde colocar la siguiente pieza.

Dado que las pelotas no eran lo mio, al menos la natación me abrió el socorrismo y las ventas, empecé a vender gorros de tela a los bañistas de un club militar. Mi primer hater fue un teniente coronel al que tuve que sacar del agua por no llevar gorro.

Cambié de ciudad del viento, esta vez Alemania y allí Francesco me dijo: «Si a la quinta no cae, desiste». No le hice demasiado caso, insistí y acabé ligándome a una italiana con la que hoy tengo dos hijos.

Universidad para acabar en una oficina y así comencé a trabajar revisando más de 1.500 escrituras hipotecarias. Y un finde si y finde no avión para Italia.

Después gestioné fondos de hipotecas de esos que causaron la crisis subprime cuyo origen se cuenta en la peli La gran apuesta. Más aviones.

Veía cuentas bancarias con muchos ceros, cuotas, plazos, y cosas de hipotecas y fondos.

Gestioné el primer fondo de titulización que entró en concurso de acreedores en Europa. Y más aviones.

Me cambié de trabajo a uno de esos sitios que tienes pisar moqueta y subir 14 pisos, mucho Excel, PowerPoint y más escrituras. No compartía tener que echar horas para aparentar trabajar mejor, no era feliz.

Así que, siguiendo mi niño de los 8 años: cambié mi juego. Dejé aquella vida encerrado en una torre y decidí dedicarme a algo que sí me llenaba.

Hoy utilizo todo lo que he aprendido —los números, las hipotecas, los fondos, la experiencia y, sobre todo, esa obsesión por analizar la siguiente jugada— para ayudar a personas a comprar la casa que quieren.

Porque comprar una casa también es una partida y puedes jugarla moviendo ficha demasiado pronto mirando y no ver lo que viene después. O puedes sentarte antes y saber qué jugada tiene sentido para ti.

Ayudarte a mover ficha con los números claros antes de comprometerte con una hipoteca.

Si quieres que calculemos tu jugada, te apuntas aqu