Adriana Domingo del Pozo
Cuenca, Spain
"Tú, virgen desposada con Cristo, has de relucir en todo tu esplendor, irradiar una belleza integral. De porte elegante, en maneras y en tu físico, atrayendo a todos por tu distinguida nobleza, que debe ser especialmente espiritual. Enjoyada, como novia que se adorna con sus joyas, concienciadas de que somos esposas de tan glorioso Rey. Llevar pendientes, pintarse los labios, maquillarse… ¿por qué no? Arréglate para tu Esposo. Hagamos nuestra la frase “déjense los pies calzados y reformen la cabeza” del bienaventurado Francisco de Sales. Entonces, vístete cuidadamente y échate perfume. Aquella mujer perfumó la cabeza de nuestro Señor. Nuestra fragancia no es para los hombres, sino que sube hasta donde está Dios. Ayuna en tiempo y come en fiesta. Sé la primera en realizar sacrificios ascéticos. Fuma si tienes costumbre, toma café. Te despejará cuando te levantes a alabar a tu amado Señor. Madruga, trasnocha. No salgas de la presencia de Dios. Ora todo el día, ora fervorosamente, ora sin descanso: laudes, meditación, ángelus, lectura espiritual, Santa Misa -¡ponte tus mejores galas!-, rosario, vísperas.... intima con tu divino Esposo. ¡Vive, vive intensamente! Alégrate con los hombres; canta, baila, ríe, llora… sé dulce, solícita, ama con toda pureza. Para ello, aférrate a María, Madre nuestra y modelo de toda virtud. No dejes de invocarla; encomiéndale insistentemente tu virginidad... ¡somos almas consagradas! ¡llevamos anillo nupcial! Seamos dignas del Esposo. Da limosna a los pobres; mucha. Bendícelos con una sonrisa. Sal con los amigos, escribe, pasea, contempla la naturaleza, obra del Creador, y eleva un himno de adoración. Lee vidas de santos; son un gran impulso hacia la santidad. Fórmate, infórmate; ve películas, escucha la radio, haz apostolado por medio de las redes sociales -estáte presente en la red-, domina las nuevas tecnologías. Compra -con cabeza-, decora hermosamente tu casa, invita a tu familia, ¡celebra!, y reserva en ella un lugar especial para Dios, un oratorio, un modesto altar; siéntate en una silla o en un sillón, como prefieras. Enciende una vela y mira al crucificado; ¡besa la Cruz! ¡Sé mujer de este siglo, moderna, radical en la devoción! Desgástate en la parroquia y en cumplir la maravillosa misión que Dios tiene para ti. Sé competente en el trabajo y en todo lo que haces. Exprime el mundo, crea. Y, sobre todas las cosas, recuerda amar... ¡amar visceralmente!"