Laura Wagner
Laura Wagner
Estaba sentando alado de mi mejor amiga, Amanda, cuando de repente, la principal de la escuela entró la aula y susurró a la profesora, Señora Spickler. Su rostro se volvió blanco y inmediatamente yo sabía que algo terrible había sucedido.
En la televisión en la aula, mirábamos las imágenes de los torres gemelas y los aviones una y otra vez hasta los autobuses llegaron temprano a llevarnos a casa. Amanda estaba llorando pero yo sentía solo confusión.
¿Qué es un terrorista? ¿Cuántas personas murieron? Y la más importante: ¿Por qué?
Era un niña de ocho anos y no tenía la entendimiento para comprender completamente lo eventos del día. Por eso, estaba contenta que salimos escuela temprano. Cunado llegué en casa, almorcé con mi madre y mi hermana. Después de un rato, mis tres hermanos mayores llegaron en casa y les dijeron que el padre de unos de sus compañeros estaba en el edifico cuando el primero avión golpeó y nadie sabia si estaba vivo.
Fue una de las pocas veces que había visto mis hermanos llorar.
Finalmente, mi madre apagó la televisión y nos envió a fuera para jugar con los vecinos. Pero algunos de nuestras amigas, como Amanda, no fueron permitidas venir afuera. Hagerstown es un suburbio de Washington, DC y también esta cerca del campo en Pensilvania donde otro avión estrelló. Debido a esto, algunos de los padres estaban nerviosos y inseguros. En realidad, nadie en el mundo sentía seguro en ese día. Ni en los días siguientes tampoco.
En las semanas y las meses después de 11 de Septiembre 2011, los americanos estábamos unificados en una manera especial que es difícil para explicar. Las diferencias en las políticas, las religiones y las creencias parecían desvanecer. La gente hablaba con extraños en la calle y pasaba mas tiempo con su familia y con su amigos.
Desafortunadamente no duró el sentimiento de unidad y ahora América está más polarizado que nunca antes, pero yo siempre recordaré ese día y los acciones de la gente despues del ataque.