Yago Gallach Pérez
Valencia
Desperté una mañana de domingo tibio y azulado. Mis ojos desenfocaron la realidad. El velo de la miopía me hizo mirar hacia adentro. Y me encontré, sorprendido de saber que había alguien en mí.
Desperté una mañana de domingo tibio y azulado. Mis ojos desenfocaron la realidad. El velo de la miopía me hizo mirar hacia adentro. Y me encontré, sorprendido de saber que había alguien en mí.