Emily Young

Recuerdo poco del 11 de septiembre, 2001, pero las cosas que recuerdo son claras. Estaba en el tercer año, y cada mañana la Señora Brama nos leía el periódico y hablaba de las noticias del mundo. Aquella mañana, recuerdo que estaba sentado en el suelo al lado de mi mejor amiga, Jenna, cuando un chico levantó su mano. El chico se llamaba Andrew y cuando la Señora Brama le preguntó que quería decir, le dijo que había visto una noticia mala antes de llegar a clase. Comentó que dos aviones habían chocado contra el Centro de Comercio Mundial en la ciudad de Nueva York. No recuerdo más después de Andrew terminara de hablar. No recuerdo las reacciones de la clase o de que mi maestra, pero no pienso que la Señora Brama creyera las cosas que Andrew había dicho. El resto del día escolar fue normal para mi, pero cuando regresé a casa después del día, vi las noticias y éstas fueron terribles. Había una escena después de otra de personas corriendo por las calles, bomberos y policías gritando y gente llorando. Estaba muy preocupada porque mi padre vive en Nueva Jersey y tengo tíos que viven en Nueva York. Llamé a mi padre por teléfono y dijo que él y mis tíos estaban bien, pero ellos tenían que quedarse en casa porque el polvo era muy intenso. Las noticias de los días siguientes eran peores. Cuando vi las fotos de todas las personas que murieron, me sentí muy triste. No entendí el terrorismo o, en realidad, la idea de una guerra, porque era muy joven; solo podía entender que un evento terrible ocurrido. Recordaré estos sentimientos sobre el 11 de diciembre por el resto de mi vida.